Desprendimiento de placenta

¿Qué pasa si sufro un desprendimiento de placenta?

La placenta es el órgano donde se produce el intercambio de oxígeno y nutrientes entre la madre y el feto; está adherida a la pared uterina pero puede desprenderse antes o durante el trabajo de parto. Esto puede causar un sangrado vaginal que habitualmente va acompañado de un intenso dolor abdominal. Dado que se pierde la superficie de intercambio entre la madre y el feto, existe un riesgo vital para el bebé puesto que recibe menos oxígeno. 

Ante la sospecha, es importante acudir a urgencias de inmediato para recibir atención médica urgente.

Placenta prévia, ¿qué es?

Cuando la placenta se encuentra en la parte más inferior del útero y cubre el cuello uterino puede obstruir parcial o totalmente el orificio del canal del parto, por lo que es más frecuente que estas mujeres presenten sangrado sobre todo al iniciar las contracciones. 

En caso de placenta previa el médico de referencia indicará si es posible realizar un parto vaginal o si es más recomendable una cesárea electiva debido al riesgo de sangrado durante el parto. En ocasiones se puede producir un sangrado muy abundante que puede obligar a realizar una cesárea de emergencia, incluso antes de las 37 semanas.

Alteraciones en la cantidad del líquido amniótico

Cuando la cantidad de líquido amniótico no es la normal, sea por déficit (oligohidramnios) o por exceso (polihidramnios), la embarazada requiere controles adicionales. Pero, ¿a qué se deben estas alteraciones y cómo deben tratarse?

 

La disminución de líquido amniótico (oligohidramnios) se puede deber a diferentes causas; las de origen fetal pueden ser por ruptura prematura de las membranas amnióticas, crecimiento restringido, gestación prolongada más allá de las 41 semanas, infección fetal por citomegalovirus, obstrucción del tracto urinario, o problemas en los riñones del feto. De las causas maternas, la toma de medicación como antiinflamatorios o ciertos fármacos para la tensión pueden ser causa de disminución de líquido.  

En función de la causa, las semanas de embarazo en la que se detecte esta complicación y de la cantidad de líquido amniótico del que disponga el feto el pronóstico varía ampliamente. En los casos de detección de esta patología el médico de referencia indicará una serie de estudios para conocer la causa y realizar un seguimiento más exhaustivo de la gestación.

El aumento de líquido amniótico (polihidramnios) tiene diferentes causas aunque en más de la mitad de los casos es desconocida. El 40% restante puede tener como origen múltiples causas fetales (por ejemplo, alteraciones gastrointestinales, infecciones fetales, alteraciones cromosómicas), causas maternas como el mal control en la diabetes y la isoinmunización Rh y ciertas anomalías a nivel de la placenta. El pronóstico de esta entidad está relacionado directamente con la causa que la produce, por lo que en caso de detección de polihidramnios, el médico indicará los exámenes a realizar y los controles que deberá seguir.

Retraso del crecimiento fetal

El retraso de crecimiento se produce cuando el crecimiento del feto está por debajo de lo que le correspondería por las semanas de gestación. Esto ocurre habitualmente a partir del tercer trimestre, aunque en los casos más severos puede detectarse a partir de las 24 semanas. 

 

Hay que tener en cuenta que en algunos casos este hecho no traduce ninguna patología; simplemente son fetos constitucionalmente más pequeños. En cambio, existen otros casos en los que sí existe algún problema que impide crecer al feto correctamente y puede llegar a ser una situación grave para el bebé.  Algunos factores de riesgo para que el bebé crezca a un ritmo menor al habitual son de origen materno como desnutrición, enfermedades crónicas, hipertensión arterial o consumo de drogas, alcohol o tabaco. También existen problemas relacionados con la placenta o con el embarazo como pueden ser un flujo placentario inapropiado, infecciones placentarias, anomalías cromosómicas o malformaciones congénitas. En edades maternas por debajo de los 17 años o por encima de los 35 años existe un mayor riesgo de retraso de crecimiento.

En los casos en los que se detecta este problema, el médico de referencia establecerá unos controles estrictos del embarazo con un control ecográfico más frecuente, controlando también tanto la circulación del bebé como la de la madre.

En los casos más severos, puede ser una causa de finalización prematura del embarazo.

La diabetes gestacional

La diabetes gestacional se diagnostica a través del test de tolerancia oral a la glucosa (conocido como curva larga) que se realiza en aquellas pacientes en las que el test de O’Sullivan ha salido alterado. Estas pruebas se realizan a finales del segundo trimestre.

 

En caso que se diagnostique una diabetes gestacional, los controles serán más estrictos y se iniciará una dieta con control de hidratos de carbono, siendo muy importante la realización regular de ejercicio. En los casos en los que no se controle correctamente la glucosa en sangre con la dieta y el ejercicio, se iniciará tratamiento con insulina. Aunque es una condición propia del embarazo, tras el parto la paciente requerirá un mayor control sobre los niveles de azúcar en sangre puesto que tiene un mayor riesgo de desarrollar diabetes en un futuro.

En caso de no realizar un control y tratamiento adecuado, existe un mayor riesgo de problemas para la madre como la hipertensión durante el embarazo y para el bebé como que sea demasiado grande, problemas respiratorios, bajos niveles de glucosa e ictericia.

Incompatibilidad Rh, ¿qué es?

El factor Rh es una proteína que puede estar presente en los glóbulos rojos de la madre (Rh positivo) o estar ausente (Rh negativo). 

Durante el embarazo, puede existir el paso de glóbulos rojos del feto a la sangre de la madre. Si la madre es Rh negativo y el bebé es positivo, la madre puede crear anticuerpos contra los glóbulos rojos del bebé (conocido como isoinmunización). Estos anticuerpos antiRh pueden pasar a través de la placenta hacia el feto y destruir sus glóbulos rojos provocando anemia en el feto.

Dado que la formación de este tipo de anticuerpos suele llevar tiempo,  en el primer embarazo en el que esto ocurre, no suele haber afectación del bebé.  Sin embargo todos los siguientes embarazos con fetos Rh negativos pueden resultar afectos. 

La incompatibilidad Rh se presenta solo cuando la mujer es Rh negativo y el bebé es Rh positivo; a nivel práctico, se recomienda en toda mujer embarazada Rh negativo la administración de inmunoglobulina antiD sobre las 28 semanas y tras el parto, y en situaciones especiales como tras una prueba invasiva (amniocentesis, biopsia corial, fetoscopia) o tras un aborto.